No suelo salir de la sala de proyección, es mi culo ,como dejé dicho, el que se acaba quejando de que aquello no pita, pero esta vez no dí tiempo a que mi culo hiciera su análsis, la película no me echó, simplemente es que no me dejó entrar.
Solamente un rostro fue capaz de dejarme en la silla un buen rato, luego ya ni eso pudo conmigo... afuera, no vale la pena ver el final de lo que no ha tenido comienzo.
De repente, en el baile de carnaval, ví la diferencia entre mentira y verdad, aunque ambas vengan con marca Hollywood. Allí sentado recordé el fantastico baile de “Orgullo y prejuicio”, ese baile que nos lleva y nos trae con la camara como si fueramos capaces de deambular por el salón de baile a nuestro antojo, en un salón dode la gente se ha reunido a disfrutar junta; si casí se olia el buen sudor de la felicidad del baile y el olorcillo de los alcoholes, Joe Wright siguiendo a Ang Lee hizo magia.

Me acordé tambien de Memorias de una geisha, que sí, que es japon americanizado y con actrices chinas, pero con tanta mentira destila mas verdad que nunca podrán destilar ninguno de las protagonistas de Casanova, zafia y boba como pocas, excepto un rostro, el de Sienna Miller que captaba toda la luz sobre él y que sin gesticular siquiera mostraba más verdad que toda esa Venecia junta, pobre Venecia que flaco favor sacarla así, pero en fin, esa venus mantuvo ella sola la ilusión de que el milagro del cine era posible…un rato al menos.