Tenia escrito este post y me desapareció. Al darle a publicar se borro, definitivamente, inexorablemente, de un plumazo, porque sí...
Afortunadamente, nada, ni nadie, desaparece del todo, y mi memoria lo irá rescatando, aunque nunca será igual. Nunca nada es igual despues de desaparecer, afortunadamente espero...
El tema del que quería hablar hoy aquí era justamnete... el de las desapariciones, ¡vaya por dios!, y parece que el azar se ha combinado con mi determinación para comenzar con una...
Y es que, el autor del librito del titulo, escribio, antes de este, otro libro, que es el que le lanzó a la fama, y para alcanzarla tuvo que hacerlo desapareciendo de su tierra natal y de su idioma...
Aquel se llamaba "La segunda desaparición de Mejorana" que cuenta justamente eso, una segunda desaparción... Y ahora es cuando le doy a "guardar borrador" por si las moscas no vaya a ser que vuelva a ocurrir...
Bueno pues ahora, escribe un librito en homenaje a Samuel Beckett parafraseando su "Esperando a Godot"...
Hago aquí una disgresión para contar que yo ví "Esperando a Godot" en un colegio mayor universitario, hace ya muchos años, representado por dos actores de mi pueblo , dirigidos por un director teatral de mi pueblo, en la capital de la región adonde me fui a estudiar y en parte a desaparecer yo tambien...
Bueno, pues Bonells escribe un librito que comienza como un divertimento y acaba mostrando el nucleo de su existencia...
Dice bonells: " A menudo me han preguntado por qué me marché definitivamente de Bercelona. Mi respuesta nunca ha variado: para no desaparecer. En Barcelona era un extranjero, absoluto, total. O me sentía como tal, lo que para el caso viene a ser lo mismo. Era muy sencillo: me sentía fuera del mundo. Expulsado."
Vaya por dios, otro que tiene que exiliarse. Otro que para ser tiene que marcharse de donde es. Otro que precisa de la distancia para encontrarse. Otro que necesita ser mirado como extranjero por extranjeros para ser él mismo. Otro que pone en duda lo local, el terruño y lo familiar como nucleo de la verdadera identidad. Otro que dejó de esperar a Godot y se hizo, como Beckett, autor...

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