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«Llegamos así al nudo gordiano de la cuestión política hoy. Una sociedad autónoma sólo puede instaurarse mediante la actividad autónoma de la colectividad. Una actividad semejante presupone hombres que invistan con fuerza algo más que la posibilidad de comprar un nuevo televisor [en] color.

...Y de manera más profunda todavía, presupone que la pasión por la democracia, la libertad y los asuntos comunes a todos, ocupe el lugar de la distracción, el cinismo, el conformismo y la loca carrera por el consumo.

...En resumen, y entre otras cosas, una sociedad autónoma presupone que lo económico deje de ser el valor dominante o excluyente.

...Tal es, para responderle a F. Feher, el precio a pagar por una transformación de la sociedad. Digámoslo más claro todavía: el precio a pagar por la libertad es la destrucción de lo económico como valor central y, de hecho, único. ¿Es un precio tan alto? Para mí desde luego que no. Prefiero infinitamente tener un nuevo amigo que un auto nuevo.

...Tal vez sea una preferencia subjetiva. ¿Pero y objetivamente? Con gusto dejo en manos de los filósofos políticos la tarea de fundar el pseudo consumo como valor supremo. Pero hay algo más importante. De seguir las cosas su curso actual, este precio deberá pagarse como sea. ¿Quién puede creer que la destrucción del planeta dure cien años más al ritmo que lleva? ¿Quién puede no ver que, si los países pobres se industrializaran, se aceleraría? ¿Que hará el régimen cuando ya no pueda controlar a los pueblos ofreciéndoles constantemente nuevas cuentitas de colores?»".

El viejo profesor pega fuerte y dá en la molla.

Dedicado a Cinzcéu...